Monasterio :: Historia de la Fundación

 

 

 

Historia de la fundación

Eleonor Ortiz, viniciadora de la Fundación del Monasterio de Santa Teresa de Jesús 1614-1617

 

Sor Ortiz' óleo pintado por la M. Concepción

Eleonor Ortiz, hija de nobles y virtuosos padres, vino al mundo el 10 de noviembre de 1577. Desde pequeñita fue favorecida del cielo con dones sobrenaturales.

 

 

A los veintiún años comunicó a su padre que no quería contraer matrimonio sino que deseaba consagrarse a Dios entrando en la tercera Orden de Ntra. Sra. del Carmen. Su padre se enfadó mucho con ella pues ya le tenía preparado un buen partido matrimonial.

Pero a pesar del enfado de su padre logró llevar  en su propia casa, una vida de gran recogimiento, dedicada a la oración, al ayuno y a la penitencia, bajo la dirección espiritual de un carmelita, el P. Francisco Pou. En 1601 tomó el hábito de la Tercera Orden, junto con otras dos amigas suyas que más tarde entrarán con ella en la nueva fundación.

Una vez fallecidos sus padres después de unos pocos años, hacia el 1614, Dios le concedió el don de 'inedia' (gracia de alimentarse solamente de la Eucaristía), por lo que su fama de santidad empezó a llegar a oídos del rey Felipe III, y éste escribió al obispo de Mallorca, D. Simó Bauzá, para que examinara a Eleonor. El Obispo después de tenerla 11 días encerrada en su palacio quedó convencido de las cualidades excepcionales de esta mujer y así se lo hizo saber al Rey.

El Rey le contestó con esta carta al Obispo:

“El Rey

Reverendo en Cristo padre obispo de mi consejo: con vuestra carta del once de enero ultimo habeisme dado cuenta de las serias investigaciones practicadas acerca de las virtudes, especialmente la asombrosa abstinencia, de la beata de la tercera orden de nuestra Sra. del Carmen Sor Eleonor Ortiz, y en ella he sido muy servido; al paso de haberse llenado de sumo gozo mi real corazon, por asegurarme vuestra convicción y los de vuestros sabios consultores y colaboradores, de que obra en la espresada Ortiz el Espiritu de Dios. Lo que lo convence aun mas, los prodigios y maravillas, de que me haceis mención, con que el cielo ostenta los merecimientos de dicha beata de la tercera Orden de nuestra Srâ. del Carmen la Sor Ortiz. Me doy por muy satisfecho. No obstante ha parecido bien â mi soberana voluntad de nuevo escribiros, que no ceseis de vigilarla jamas. Porque en ello va mucho â la gloria de Dios, y Yo seré muy servido. Avisarme heis siempre de todo cuanto sobre élla ocurriere.

Dada en Madrid en mi real palacio â los ocho dias del mes de febrero del año mil seiscientos quince.

Yo el Rey.

Agustín Villalonga secretario.

Por este tiempo entre las apariciones con que favoreció a Sor Eleonor el cielo una fue la de la querúbica madre santa Teresa de Jesús. La animó a no desmayar en el camino emprendido, prometiéndola su amparo y protección. Y después de haberla dicho: “Tu llegarás a ser hija mia”: le comunicó la Voluntad de Dios que debia fundarse en Palma un monasterio de religiosas de la Madre del Carmelo, y que ella era la destinada para realizar aquellas altas disposiciones, concluyendo con estas palabras: “No te amilanen ni retraigan las muchas contradicciones. En razon de estas han de ser los frutos de virtud que dará este monasterio, y los servicios que recibirá el Señor”. Eleonor no comunicó esta visión ni a su director espiritual ni al Sr. Obispo.

Poco tiempo más tarde Eleonor fue arrebatada de improviso en uno de sus frecuentes éxtasis, y se le apareció Jesús con la cruz a cuestas, diciéndole: “Eleonor esposa mía, con esta cruz se me hacen amables y se unen estrechísimamente conmigo las almas, que viven en el claustro, en plena abnegación”.

El Señor le advirtió de que el estado religioso es donde llama a sus esposas mas particularmente para hablarlas al corazón, y tener con ellas sus más dulces complacencias. Eleonor sintió inflamarse sensiblemente su corazón y consagrarse solemnemente en las aras de la religión.

También la noche siguiente se le apareció la doctora mística santa Teresa de Jesús, y le dijo: “No te resistas hija mía Eleonor, a la voluntad de nuestro divino Esposo; de que sea fundado un convento de hijas de la religión de su divina Madre en Palma”.

Eleonor por humildad se vio inepta para esta empresa tan colosal, por lo que no dijo nada a su padre espiritual. El día 18 diciembre del indicado año, entró en un fuerte coloquio de amor y en un trasporte de aquellos que con tanta frecuencia era llamada, vio aparecerse el divino Esposo, con su divina Madre y Santa Teresa de Jesús. Mostrábase algo enojado el Señor:

-“¿Cuál es vuestro disgusto Esposo mio? Le preguntó Eleonor.

-Me desagrada el que se resista a mi voluntad, repuso Jesús. ¿No comprendes por cierto lo muy servido que he de ser, en el monasterio de religiosas de mi divina Madre; a cuya fundación fuiste llamada ya por mi Teresa?. Eleonor esta es mi voluntad.” Asi terminó el Señor, y la visión desapareció.

Sor Eleonor compungida por no haber obedecido antes a la voz del Esposo en poner con prontitud la nueva fundación, se lo comunicó todo a su director el P. Francisco Pou, o.c., éste con gran prudencia y sabiduría pidió a la misma Eleonor que hiciese oración para que se le concediese más luces de cómo había de ser esta fundación: si debían ser religiosas carmelitas de la antigua observancia o del Carmelo teresiano, como en aquellos días, solíase decir.

Aquella misma noche orando en su estancia, e invocando la protección soberana de la Madre del Carmelo y de su ángel tutelar encamina al cielo la demanda ordenada por el padre espiritual. Respóndela de luego el Señor con una aparición nueva y admirable, con la que se llena todas sus ansias, y queda colmada de santa alegría. Vio dos religiosas carmelitas con habito de descalzas o teresianas. La una de talla no muy alta y algo corpulenta, semblante esférico, color pálido, vista penetrante pero llorosos sus ojos, y en toda ella se leía singular prudencia y discreción. Algo mas alta la otra, pero muy flaca y macilenta: rostro largo y color que daba en moreno claro, ofrecía el tipo de una alma muy dada a la contemplación y a los rigores de la penitencia. Por la mañanita después de haber comulgado repitióse la visión ante el altar del santísimo Sacramento, haciéndola ver además dos celdillas, pobrísimas pero aseadas, sin mas muebles que una camilla de un solo palmo de alta sobre el pavimento, y algunas estampas fijadas â la pared, sin marcos ni adorno alguno.

Por el habito que vestían las dos religiosas que vio entendía Sor Eleonor, que debía pertenecer al Carmelo reformado el convento que era evocada a fundar, y las dos religiosas, que le aparecieron y cuyas señas tan grabadas se quedaron en su memoria no dudaba serían la santa madre Teresa de Jesús y la Venerable Ana de San Bartolomé compañera de la querúbica doctora y matriarca; a las que saludaba y tomaba por abogadas y protectoras de la colosal empresa a que el cielo la destinaba. Absorta pero en esta contemplación, una voz celestial salida del interior del sagrario le comunicó el significado de todo cuanto en visión intelectual había visto. “Eleonor esposa mía, dijóla aquella voz, las dos religiosas que te han aparecido, no son, como presumes, las que moran ya en el cielo; son el tipo de la religiosidad y observancia que ha de reinar en el monasterio que fundarás, y su amor a la mortificación y penitencia. Y las dos celdas que viste también son la muestra del espíritu eliano o de pobreza, que jamás amainará”.

Refirió sor Eleonor a su Padre confesor, sin alterar nada de cuanto vio y entendió. Él aprobándolo todo y mirándolo como un llamamiento del cielo, se apresuró a comunicárselo al Sr. Obispo, que se alegró mucho pareciéndole que no se debía desestimar aquella voz de lo alto, comprometiéndose a su vez a secundar  la revelada fundación, poniendo en movimiento su influencia y todos los medios de que le fuese dado disponer.

En sus relaciones privadas con el clero y la nobleza, y en sus sermones, que predicaba todos los domingos y fiestas en la catedral, y aun en otras iglesias, se esforzó en excitar al pueblo a pronunciarse por la fundación de religiosas de la Madre de Dios. Así quedó bien patente el mucho caso que el pueblo palmesano hacía de su Prelado, y la devoción innata de Mallorca a la religión de la Madre del Carmelo.

El P. Pou, prior del Convento de Carmelitas, se entusiasmó con el proyecto y empezó los trámites para tener la protección del Rey y la autorización del General de los Carmelitas Descalzos.

Informado el Monarca de los planes de la fundación y decidido a apoyarlos, escribió una carta a su Lugarteniente en Mallorca, D. Carlos Coloma, fechada en San Lorenzo de El Escorial el 26 de Julio de 1614, para que tratara con los Jurados la viabilidad de la Fundación y con qué dinero podría contribuir la Ciudad a la construcción del nuevo Monasterio.

Mientras tanto, el mismo Galcerán Ortiz, hermano de Eleonor, entusiasmado, quiso ayudar a su hermana, y no sólo regaló para la nueva fundación una casa suya, sino que al año siguiente, en 1615, viendo como todas las gesitones en Madrid iban con mucha lentitud, él mismo quiso irse a Madrid para conseguir con rapidez el permiso Real y el de las autoridades eclesiásticas.

Una vez llegados a la Corte, D.Galcerán y el P. Pou, se entrevistaron con el Monarca que inmediatamente dió su aprobación, y se ofreció él mismo para poner su influencia ante las autoridades que debían autorizar la partida hacia Mallorca de las religiosas fundadoras. El Rey extendió una carta de presentación al mismo Galcerá Ortiz donde se expresaba en estos terminos: “Reverendos y Devotos Religiosos: en la Ciudad de Mallorca, hay una Beata llamada Sor Eleonor Ortiz, de tan ejemplar y Santa Vida, que conforme a las informaciones que se han hecho ha mucho tiempo,[…] es tan aficionada a nuestra Orden que desea fundar un Monasterio de Monjas de ella, en la dicha Ciudad de Mallorca, a donde pueda recogerse con otras Devotas. Sobre lo qual me han escrito el Virrey, Obispo y Jurados de dicha Ciudad, ofreciendose a ayudar a ello y suplicandome tenga por bien y mande favorecer tan buen intento, en que he venido a ello de mui buena gana; por que confio ha de ser para mui grande servicio de Ntro. Señor de que he querido daros razón, y juntamente encargaros que, por lo que os toca, deis lugar a que se funde dicho Monasterio”.

Lo difícil vino después, ya que los carmelitas descalzos no aceptaban la idea de hacer una fundación en Mallorca porque no había ningún convento de su observancia en la isla y por miedo a los piratas. Después de esta gran desilusión, Galcerán fue ante el Consejo de Aragón y ante el Duque del Infantado, Señor de Guadalajara y fundador del Convento de San José de esa capital. El Consejo se mostró en favor de la fundación pero el Duque, se mostró contrario por las dificultades y los riesgos que significaba el traslado de las religiosas. Galcerán escribió muy desesperanzado a su hermana, el 14 de agosto de 1616, comentándole las grandes dificultades que había en la fundación, y que se olvidase de traer monjas de la península, que hiciese una fundación de carmelitas descalzas con monjas canonesas regulares de San Agustín, un convento llamado de Sta. Magdalena, cercano a donde iba a ser la fundación.

Eleonor, no se arredró ante la carta de su hermano y envió a Madrid al carmelita P. Alberto Puig, para que continuase las gestiones, mientras tanto Galcerán regresaba a Mallorca.

Después de un tiempo el 21 de abril de 1617, el arzobispo de Toledo, Don Bernardo de Sandoval y Borja, dio al fin su bendición y la autorización debida para que tres monjas del convento de Carmelitas descalzas de Guadalajara fueran a fundar a Mallorca.

Mientras se iba gestionando en la península las diversas autorizaciones para el nuevo Monasterio, ya desde comienzos de 1616, 'las beatas' (Eleonor y sus compañeras), vivían encerradas en su pequeño convento, propiedad de la familia Ortiz. Se hizo una pequeña iglesia con la advocación de por aquel entonces 'Beata Teresa de Jesús'. De ahí que se cree que es la primera o la segunda en el mundo bajo la advocación de Sta. Teresa.

El 6 de enero de 1616 el Sr. Obispo bendició solemnemente la pequeña iglesia y el conventito donde quedaron encerradas Eleonor y sus compañeras: Elisabet Font y las hermanas Catalina y Joana Rayó, mientras esperaban la llegada de las carmelitas descalzas de Guadalajara que pusieron pie en Mallorca el 16 de Junio de 1617.

Una vez que desembarcaron en el puerto de Palma de Mallorca, pasaron unos días hospedadas en el palacio episcopal y desde allí fueron en procesión solemne acompañadas de toda clase de gente: autoridades civiles y eclesiásticas, y multitud de personas del pueblo llano. Recorrieron la ciudad con gran alegría y solemnidad, fue para la ciudad de Palma un gran día. Al llegar al pequeño convento donde estaban esperando las beatas mallorquinas, el Sr. Obispo estableció la clausura y fue constituida la fundación.

A los dos días, sor Eleonor tomó el hábito de carmelita, que fue presenciada la ceremonia por el Sr. Obispo, tomando el nombre de Sor Eleonor de Jesús María.

Fue elegida priora, una de las que vino de Guadalajara, la Madre Beatriz Josefa de la Asunción, mujer de fuerte personalidad. A los 11 meses de noviciado decidió que sor Ortiz no podía seguir la dura disciplina de la Orden y la observancia regular de la Comunidad, debido a su precario estado de salud, por lo que comunicó a su hermano Galcerán que el capítulo había resuelto que era más prudente que sor Eleonor regresara a su casa y no hiciera los votos solemnes.

Esta decisión tan dolorosa tendrá repercusiones serias para el desarrollo de la nueva fundación. Efectivamente, la familia Ortiz dio la espalda a la comunidad, exigiendo el pago de las propiedades que entonces comprendían el convento, y el pueblo disgustado hizo todo lo que pudieron para hacer la vida imposible a la Comunidad, incluso ni querían vender la comida a la demandadera del Monasterio cuando iba a comprar la comida al mercado, y hasta los mismos Jurados y el mismo Obispo, expresaron su gran disgusto. La fama de Sor Eleonor entre todos las clases sociales era grande y su reputación hacía que fuera tenida casi como santa. El mismo Rey, como Protector del Monasterio, hizo todo lo posible para restaurar la paz y que siguiesen ayudando a la fundación.

Eleonor no dejaba de suplicar que se acabasen los enfrentamientos  contra su antiguo convento y reclamaba fervientemente que la fundación se desarrollase como estaba prevista. Ella mientras tanto no quiso ingresar en ninguna otra orden sino que prefirió vivir en el hogar de su hermano, llevando la misma vida que hubiera llevado en el convento, dedicada intensamente a la oración y a la penitencia como terciaria carmelita.

Falleció el 12 de marzo de 1650, en medio de una gran fama de santidad, ahora reposa sus restos mortales en un nicho que se abrió especialmente para ella en el coro bajo  de su tan querido Monasterio de Santa Teresa de Jesús.+

 

 

 

Bibliografía:

Aina Pascual y Jaume Llabrés. ‘El Monasterio de Santa Teresa de Jesús de Palma’ Palma de Mallorca 1996
P. Juan Angelo Torrents. ‘Vida de la venerable sor Eleonor Ortiz’ Palma de Mallorca S.XIX