XXVI Aniversario Madre Concepción.

   

XXVI ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE LA SIERVA DE DIOS MARIA DE LA CONCEPCIÓN DE SAN JAIME Y STA TERESA.

  

HOMILIA.


MC Misa XXVI Aniv 1

Estamos aquí hoy en el 26th aniversario del fallecimiento de la Madre Concepción.

Ya sabéis que la muerte es la entrada en la vida eterna y, además, la presencia de las personas fallecidas permanece porque Dios les da un cuerpo nuevo, un cuerpo espiritual. Por eso, ella sigue aquí, sigue sobre todo en esta comunidad de religiosas. Es una más de la comunidad, como con todas las hermanas que han estado aquí desde la fundación. De una manera especial, están presentes.

Los testimonios de las personas que han conocido a la Madre Concepción atestiguan que fue una verdadera "Teresa". Cada religiosa carmelita es otra Teresa. Así se llaman: "Ses Tereses", porque cada una debe ser Teresa de Jesús, cada una debe representarla a su manera. Como cada cristiano debe ser otro Cristo, es el nombre que llevamos.

Madre Concepción realmente realizó está llamada que Dios le hizo de ser una carmelita de verdad.

Santa Teresa de Jesús se dio cuenta de los fallos de una vida relajada, de una vida mitigada y, por eso, en su reforma establece unas reglas que hacen que la vida de la carmelita, necesariamente, tenga que llevar a una santidad. Santa Teresa corta todas las cosas que observó que hacían que las personas no pudieran avanzar en el camino de la santidad. Y por eso, una carmelita descalza, por ser carmelita, ya casi no le queda más remedio que ser santa -para emplear este lenguaje- porque todo en el Carmelo lleva a vivir una vida de santidad.

La Madre Concepción se tomó muy en serio la regla y se entregó, de verdad, a la santidad, a querer ser santa. Esperamos que un día la Iglesia atestigüe de una manera solemne - los cristianos queremos que la iglesia nos atestigüe las cosas - que está en el cielo, que es Santa, que ha alcanzado la plenitud.

Todo parte de su vocación - de la vocación suya en concreto que hoy celebramos - pero que es la vocación de toda carmelita.

El mundo está ardiendo, el mundo está ardiendo, queridos hermanos y hermanas, ahora mismo, ayer y siempre, el mundo está ardiendo. Cada día tenemos acceso a las noticias frescas y vemos, cuando las escuchamos, que todo está ardiendo – ahora hay un robo, un asesinato, una guerra, una catástrofe - el mundo está siempre ardiendo. Teresa de Jesús dice eso, que "todo está ardiendo", - el Espíritu Santo se lo hace comprender. Y entonces, ya no se trata de perder el tiempo, hay que hacer algo para que, en vez de arder de odio y de desamor, el mundo arda de amor. ¡Cómo deseo que toda arda de amor, no puedo estar viviendo como si nada, cuando todo está como está!

Y esta muchachita oye la llamada de Jesucristo para que le siga. Y, entonces, accede a seguir al Señor y lo hace con una "determinada determinación", desde el primer momento. SÍ, quiere seguir a Jesús y quiere que todo arda de amor. Quiere ser de verdad "amiga fuerte del Señor", como dice la Santa Madre, una amiga de verdad para sostener a los flacos. Quiere reproducir en si la forma de Cristo, porque no hay otra forma de que el mundo arda, si no es ser "otros Cristos" y amar como Cristo amó.

Llamada por Él, quiere ser Cristo, quiere la forma de Cristo. Fijar toda su vida en la sacratísima humanidad de Jesús, mirar a Jesús: desde que se levanta, cuando duerme, descansa, en todo instante Jesús es el centro de su vida, porque ha sido llamada para eso. Si no habría estado haciendo nada.

Ha sido llamada para estar con Jesús totalmente y es un ejemplo - para las monjas carmelitas evidentemente - pero para todos los cristianos. Todo el tiempo con Jesús, porque le pertenecen. Fijadas en la humanidad de Cristo, mirando continuamente todos los misterios de la vida de Jesús, desde la infancia a cualquier momento de su vida. Vivir en intimidad con Jesús. Toda la historia de la Madre Concepción, toda su vida - que la podéis buscar, las hermanas lo han preparado muy bien, su vida, un montón de anécdotas – toda su vida habla de eso, de una intimidad con Jesús. Desde un momento determinado y concreto, en su caso muy pronto, Cristo está en su alma.

La Madre Concepción consigue muy pronto la muerte al ego, la muerte al "yo". Una carmelita que no ha muerto al "yo", no es una carmelita. Y un cristiano que no ha muerto al "yo", lo mismo, en otro orden. Si el "yo" está en mí, lo tengo que eliminar porque "mi yo" es un yo inclinado al mal y estorba en mi camino hacia la santidad y a la plenitud de la felicidad. 

Ella no tiene "yo". Es toda de Jesús. Es Jesús que vive en ella y, por eso, su vida es la vida de una santa; y, por eso, no cansa y permanece para siempre. No hay ningún protagonismo, no hay ningún "yo" que aparezca.

Porque cuando aparece un "yo", se te hace insoportable, no lo aguantas, porque estamos hechos para Cristo, para Dios, no para el yo propio, o el de fulanito o el de menganito, ni el de nadie. El ser humano busca a Cristo, por orientación busca Dios. Y, si se pone un "yo" por en medio, ya estamos perdidos, no vale para nada.

Madre Concepción consigue - como todos los santos - que ese "yo" esté completamente entregado a Cristo, el protagonista de su vida es Cristo y puede decir: "ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí".

Pero el tema, es ¿cómo consiguió eso? ¿Cómo consiguió esta vida nueva, esta vida de verdad? ¿Cómo lo consiguió Teresa de Jesús? ¿Cómo lo han conseguido tantas santas carmelitas?

Pues lo consiguió por medio de la oración continua. Estar a solas con Jesús.

La vida en el Carmelo está toda preparada para que estés a solas con Jesús. Cuanto más tiempo está una carmelita con Jesús a solas, con Él a solas, personalmente con Jesús vivo, más de verdad será Santa, más de verdad será feliz.

Una carmelita. Pero esto también nos sirve a todos nosotros.

Porque un Carmelo es una fuente de agua viva. El Carmelo es como un oasis que nos hace a todos reverdecer. Todos los que acuden a este oasis participan de las Aguas Vivas que brotan en los Carmelos, reciben de estas aguas y viven vidas también nuevas.

También nosotros: si nos dejamos por medio de la oración continua y del estar a solas con Jesús, buscando espacios para estar solamente con él. Entonces podríamos cambiar, tendríamos la vida de verdad. Madre Concepción lo hace: busca mil maneras concretas - hay muchos ejemplos - donde ella se apaña para estar con el Señor, busca formas de estar a solas con Jesús.

En ese estar a solas con Jesús, hay que hablar también de su consagración a la Virgen María, de su entrega a la Virgen María.

La Madre Concepción conoce a Grignion de Montfort y hace de verdad esta esclavitud mariana, se consagra a María. Vive con María y le pide ayuda para realizar esa transformación - porque la transformación de nuestro corazón, está renuncia al yo, ese cambiar en todo, en todo, en el más pequeño detalle - ese cambio, para realizarlo, necesitamos la intercesión de María.

Y ella lo descubre perfectamente. Y, por ello, se entrega totalmente a la Virgen María y le pide que realice esa voluntad de Dios sobre ella. Una entrega total a la Santísima Virgen María, también a San José, porque María nunca se puede separar de San José, van siempre los dos Unidos, los dos son uno.

Pues entonces, pidamos a la Madre Concepción que ayude a cada una de estas Carmelitas a ser santas: la tienen con ella todo el día, es un ejemplo que tienen vivo de una hermana que, de verdad, ha recibido esa gracia del Espíritu Santo de ser absolutamente fiel.

Que cada una de esas carmelitas pida la fidelidad plena a su vocación, a su llamada.

El secreto es María, la intercesión de la Virgen María. El secreto es que María las ayude a estar mucho tiempo con Jesús, todos los instantes y momentos, todo el tiempo con Jesús. Y de ahí vendrá una obediencia perfecta, de ahí vendrá una abnegación perfecta, de ahí vendrá que desaparezca el yo o que esté mitigadísimo, que esté completamente rendido a nuestros pies. De esa ayuda de la Virgen María y de ese estar a solas en la oración con Jesús sabiendo que estás con aquel que más te ama.

Vivir esta vida. Cada una de las carmelitas. Y también nosotros que participamos de este oasis de amor en medio de la ciudad. Porque esto es un oasis. Este Carmelo es un oasis. ¿sabéis que es un oasis? En medio del desierto hay Oasis, lugares dónde hay un poquito de agua y un poco de verdor.

Pues este Carmelo es un oasis. Hay otros también, pero este es uno de los más grandes que hay en la isla. Entonces bebamos de estas aguas. Pidamos a esta santa que representa al Carmelo de Palma de Mallorca. Madre Concepción, es una flor - todas las carmelitas son flores del Señor – pero ella es una flor que ilumina esta vida y todo el camino.

Recémosle, pidámosle que nos ayude. Ella nos sigue amando desde el cielo. Los santos, desde el cielo no se olvidan de nosotros. Es aquello que decía Santa Teresita del Niño Jesús: "el cielo yo lo pasaré haciendo el bien sobre la tierra".

Pues, como no, también la Madre Concepción hace el bien sobre la tierra desde el cielo. Dios es el que actúa, pero por medio de la intercesión de la Madre Concepción. Te puede ayudar, puede curar en ti una enfermedad o ayudarte en un problema que tienes de cualquier orden, material, espiritual o moral.

Su intercesión es importantísima. Muchos de los que estamos aquí somos testigos de cosas en donde hemos visto su mano protectora.

Por eso, no nos cansemos hoy, aquí, sobre todo hoy, de pedirle que interceda por nosotros.

D. Miguel Ángel Frontera, Pbro.

7 de febrero de 2.025

MC Misa XXVI Aniv 2


Sobre la Madre Concepción:

  * Vida.

  * Vida interior.

  * Vida en imágenes.

  * Carta de Edificación.